Alcohorexia

Alcohorexia

¿Quién no ha cometido un exceso de alcohol alguna vez en su vida? Pero ojo, no estamos hablando de una noche de diversión o excesos, sino una patología cada vez más frecuente en grupos tan vulnerables como sucede con la adolescencia. Dentro de los trastornos alimentarios a la alcohorexia la podríamos poner al nivel de una bulimia o una anorexia, pero no está tan difundida, tal vez por desconocimiento, tal vez por ignorancia, pero es importante no hacernos los distraídos ni minimizar el cuadro.

La alcohorexia, también llamada ebriorexia o drunkorexia (de drunk, “borracho” en inglés), es una enfermedad alimentaria que consiste en reemplazar las calorías que aporta una comida completa por las calorías que provienen del alcohol.

Cabe destacar que el alcohol aporta 7 calorías por gramo , lo que es mucho y eso depende también de la graduación alcohólica de la bebida que se ingiere. Pensemos que uno de los mayores fantasmas de la adolescencia son el rechazo a  los kilos de más que llegan a depositarse en el cuerpo de acuerdo a la cantidad de calorías ingeridas y no gastadas diariamente. Para ello, principalmente las adolescentes,  miden la cantidad de calorías de manera matemática y para no excederse sacan las calorías de las comidas y las reemplazan por las calorías del alcohol. En lo que no reparan es, que si bien la cuenta puede salir correcta lo que seguramente no sale bien es el aporte saludable de nutrientes, así  decimos que las calorías provenientes del alcohol se denominan “calorías vacías”, porque  aportan exclusivamente calorías sin valor nutritivo y que las calorías proveniente de los alimentos aportan proteínas, hidratos de carbono, grasas, vitaminas y minerales. Además al no poseer alimentos dentro del organismo, las calorías del alcohol pasan directamente al torrente sanguíneo y se producen signos visibles de intoxicación.

¿Y qué efectos nocivos tiene el exceso de alcohol en el cuerpo?

Si bien al principio puede producir locuacidad, euforia, desinhibición, conducta impulsiva que lo hace atractivo, pasada esa etapa puede provocar irritabilidad, agitación, somnolencia, nauseas y vómitos,  lenguaje incoherente. Disminución marcada del nivel de conciencia (obnubilación y coma) y del tono muscular. Incontinencia de esfínteres. Dificultad respiratoria. Y si el consumo continúa shock cardiovascular. Inhibición del centro respiratorio. Paro cardiorespiratorio y muerte…

En la era del avance de  la tecnología, paradójicamente ha crecido la falta de comunicación tanto con los adultos como entre los adolescentes mismos, ya que es más fácil mandar un mensaje acotado antes que una la charla telefónica, el discurso adolescente también resuena en el “si no tomás no te divertís”. Vamos chicos, la diversión se construye con una buena charla o retomando el diálogo. Que no te hagan creer que el alcohol te convierte en Superman ni en ningún superhéroe, la fuerza está dentro de ti y solo dentro de ti.

Es muy común escuchar a los chicos decir, “está todo bien”. Y nada más falaz. No siempre las cosas están bien. Mientras la tele te muestra que en un encuentro sólo vale la cerveza, o el vino y que sólo con alcohol los “momentos” son buenos, la realidad es que el consumo de alcohol deja más víctimas aún que las drogas. No son buenos los excesos, ni el “fondo blanco”. Un cosa es divertirse y tomar y otra tomar compulsivamente para poder divertirse, para lograr liberarse. Y ahí está la falsedad del concepto: No te “liberas”, al contrario, quedas prisionero más prisionero que nunca…

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