El poder de la postergación

El poder de la postergación

Es muy frecuente escuchar en mis consultas, “no lo pude evitar, estaba ahí y me lo comí”. Es muy probable que te sientas identificado con esta realidad y ¿Sabés por qué? , porque el “acto es más rápido que el pensamiento”.

Cuando estés frente a una comida irresistible y tentadora, realizá el siguiente ejercicio: detente, deja los cubiertos y mirala, esa pequeña pausa va a significar que estás tomando conciencia plena de lo que estás comiendo. Tal vez puedas preguntarte si tienes necesidad de seguir comiendo o estás realmente satisfecho. ¿No odias cómo te sentís cuando tu estómago está lleno porque acabas de comer en forma exagerada? Después de haber terminado de comer, tu estómago no debería estar vacío, pero tampoco completamente lleno. Adquirí el hábito de comer despacio, de forma que puedas parar cuando estás satisfecho, no lleno; el cerebro necesita al menos 20 minutos para recibir la señal de que ya no estás hambriento.

Si estás lleno detente durante la comida y concéntrate en como sientes tu estómago. Si te sientes bien pero no satisfecho has comido lo suficiente. Si haces esto evitarás esa sensación de haberte excedido, al ponerte de pie al final de una comida y sentirte como si tu estómago estuviese a punto de explotar.

Yendo a otro ejemplo más cotidiano, ¿Cuánta gente conocés que en el mundial anterior (2010) compró el plasma en 50 cuotas y todavía lo está pagando? Toma la tarjeta de crédito y tiene como lema “goza ahora y paga después”.

Para ello debes aprender a desarrollar la postergación, ya sé que  es muy difícil interrumpir una comida pero   ¿por qué no te das la posibilidad de modificarlo? Es decir, si sientes deseo de comer algún alimento proponételo hacer en media hora, una vez transcurrido ese tiempo, reconsidera la necesidad de comerlo, dilatar la gratificación es un proceso que supone programar lo agradable, y programar significa decidir si es el momento o no. Comer en forma intempestiva, se traduce en 2 minutos de gratificación y 23horas 48 minutos de culpa. ¿Vale la pena?

Hagamos un ejemplo con la tradicional panera que todos esperamos al sentarnos en algún restaurante. Indefectiblemente se convierte en una presa a cazar y hasta no ver su fin no sentimos la sensación de  triunfo. Ahora bien, el mozo se olvida de traerla, llega el plato ordenado por cada comensal y uno lo devora hasta el final, una vez finalizado, el mozo, advierte su error y con las disculpas pertinentes nos trae la panera. ¿La comés hasta el final con voracidad? , casi podría afirmar que no. ¿Qué pasó? ¿No es que la panera es “imposible” de resistir? Desmitifiquemos a la panera, es un acto aprendido que sistemática y automáticamente lo realizamos sólo por hábito adquirido, y es ahí, donde podemos darle otras señales al cerebro y deshacer las conductas fuertemente adquiridas y reemplazarlas por conductas nuevas, no lo menospreciemos, nuestro cerebro tiene tanta capacidad de adaptación como nosotros decidamos a modificarlo y así, cambiar acciones y actitudes erróneas por saludables.  Esa es la única manera decente de vivir.

En el mundo del “llame ya”, todo tiene que ser inmediato y eficaz, esto despierta tanta exigencia, inseguridad y miedo, que lo que hace tu sistema emocional colapse. Esto se traduce en la forma de comer y el enfrentarnos a la comida como si fuera una exigencia más del día. “Stop”, entabla una relación más real con la comida, de goce y mimo emocional, vas a darte cuenta, como sin quererlo, la comida deja de ser un enemigo y se transforma en tu mejor aliado de protección.

Así aprendes a ser cada día mejor persona, más equilibrada y por ende más feliz. Y  recordá la frase de Fito Páez que dice “Lo importante no es llegar. Lo importante es el camino”.

Comments

Un comentario en “El poder de la postergación”

  1. karina dice:

    Hola Ceci: Excelente nota como siempre un abrazo enorme!!!!!!!!!

Responder a karina