La clave del éxito: Un buen almacenamiento

La clave del éxito: Un buen almacenamiento

Una expresión común de mis pacientes en el momento de la consulta, es que, para justificar alguna tentación, me dicen “lo comí, porque estaba ahí”. Pregunto, ¿Cómo hacen las cosas para “estar ahí”? ¿Aparecen misteriosamente? ¿Algún duende oculto atenta contra su voluntad? ¿Entró por la ventana? La respuesta a todos estos interrogantes es simplemente “No”. Las cosas u objetos y concretamente en este caso hacemos referencia a los alimentos o preparaciones tentadoras, no aparecen cual Superman volando por la ventana, aparecen porque es uno el responsable de que estén ahí.

Una creencia muy impregnada en el vivir cotidiano es, tener que comprar alimentos tentadores “por las dudas”, por si “alguien” viene. Lamento desilusionarte, querido lector, ese “alguien” que siempre llega a ese lugar sos únicamente   “vos”. Por lo tanto, si la casa está convertida en un campo minado de “delicatesen” va a ser muy poco probable resistir la tentación. Por lo detallado anteriormente, el objetivo de este artículo seria proponerte una planificación lógica y consciente, de cómo realizar el correcto almacenamiento y orden de las alacenas y la heladera.

Uno de los estímulos más fuertes es el estímulo visual, la vista es el más poderoso de los sentidos y cuando uno observa algo que desea mucho es difícil sacárselo del pensamiento, es como que ese producto queda “bailando” en la mente y basta una décima de segundo para llevar a cabo
ese impulso que se tenía reprimido en la parte derecha del cerebro, que se encarga del aspecto racional, y lleva al acto del “no me importa, me lo como igual”.

Si los alimentos muy tentadores se dejan al alcance de la mano se está en una situación de alarma en lo que respecta a la posibilidad de resistir a comerlo. Si por cada puerta de la alacena que se abra, los alimentos tentadores están expuestos tipo supermercado, como por ejemplo, papas fritas, maníes, talitas, galletitas de última generación, resistir la tentación va a ser una misión  imposible.

Abrir la heladera continuamente porque se está cocinando…está bien. Ahora tener la característica de ser un “abre puertas”, está mal. Y si lo primero que se ve es esa torta tan tentadora que sobró del domingo a la tarde o del último cumpleaños, va a pasar muy poco tiempo hasta que le claves la cuchara. Y ya sabes lo que ocurre a renglón seguido: Nunca el primer cucharazo queda soltero. Otros le siguen. Y no hay “Divorcio” de cucharas.

Para una persona que lucha con su peso, si hay un efecto del  que se carece es el del “efecto bisagra”. ¿Qué es el efecto bisagra, entonces?, es el que se realiza al doblar el cuerpo al medio, a la altura de la cintura, y agacharse de la manera más recta posible. Al carecer de la poca movilidad con que se cuenta es muy probable que se visualicen solo los alimentos que se tengan al simple alcance de la vista y no los que se encuentran en los estantes de abajo y menos los que están en el fondo de la heladera.

Por todo esto vamos a proponer ciertas estrategias para un buen almacenamiento:

  • En tu heladera debe haber todo tipo de frutas, verduras, yogures y alimentos de temporada. Además, en verano, los jugos son una
    opción perfecta.
  • Sin embargo, lo ideal cuando aparecen estos ataques de comer por ansiedad, es recurrir a alimentos naturales como frutas, verduras, yogures, postres dietéticos, gelatinas dietéticas y aguas o jugos sin azúcar, entre otros alimentos.
  • Evitar guardar en la heladera todos aquellos alimentos que tienen un alto contenido calórico, de grasas y azúcares, como por ejemplo: tortas, golosinas, fiambres, quesos grasos, embutidos.
  • Guardar los sobrantes de la comida en recipientes opacos, tapados y al fondo.
  • En las alacenas poner los alimentos más tentadores en el estate superior, atrás de todo y en envases de vidrio.
  • Toda la verdura y fruta debe estar previamente lavada para consumo inmediato.
  • Evitar comprar alimentos tentadores de toda tipo.

Entonces amigos, verán que no es tan difícil seguir estas estrategias, es solo decidirse a ponerlas en práctica. Si se “desea” un cambio habrá que “hacerlo”. Las cosas solas no salen y hay que comenzar con un buen ordenamiento de la heladera y alacenas.

Y que mejor cerrar este artículo con un poema de  Antonio Machado que lo popularizo Joan Manuel Serrat en una canción y dice así:
Caminante son tus huellas el camino y nada más;

Caminante, no hay camino… se hace camino al andar.

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