La panza, la punta del iceberg

La panza, la punta del iceberg

Solemos echarle la culpa de nuestra mala alimentación a el verano. “Lo que me mata es la humedad, el calor me abre el hambre y una ensalada no me llena…”. Estos dichos los escucho casi religiosamente en boca de mis pacientes. Charlando con ellos, el rumbo de la consulta lleva un destino casi seguro: no sólo le echan la culpa al verano (también hacen lo propio con el invierno) sino que dejan expuesto su terror a una situación: no les molesta la mala alimentación, sino el resultado: la aparición de la panza, que emerge amenazante como un iceberg frente al Titanic. ¡Sí señor: “la panza”! A veces pienso que los que la padecen tienen la fantasía o imaginan que “crece sóla, porque yo no como. Si ayer me comí una ensaladita y un huevo duro”. Muchachos y muchachas, hasta hay avisos comerciales que le dedican a la panza un protagonismo absoluto: que las hay chatas, cariñosa, compañeras y un sin fin de adjetivos que las hacen graciosas pero que esconden un gran riesgo para nuestra salud. ¿Saben ustedes a qué panzas hay que prestarles más atención? A esas que son bien redondas. Esas que muchas veces le hacen decir al portador, mientras la palmea como si fuera un tamboril: “¡Je, esta panza es artesanal. ¿Sabés lo me cuesta mantenerla?”. Ese don señor orgulloso, no sabe que esa panza de la que siente orgullo, es la punta del iceberg. Un iceberg que en algun momento de su vida, lo puede hundir para siempre. Esa panza, es una evidencia bien marcada que su salud no anda por los carriles correctos. A no asustarse, sí a preocuparse por modificar un destino casi irreversible si no ponemos manos a la obra. Por eso te pregunto ¿Cuál fue tu último análisis de laboratorio?  ¿Y tu última consulta médica?

Con un buen centímetro y un chequeo clínico vas a saber cómo va a ser el futuro de tu bienestar sin recurrir a ninguna astróloga ni adivino.

Como no es solo un valor aislado, la presencia de un conjunto de desórdenes de la salud tales como la acumulación de grasa visceral, presión arterial alta, resistencia a la insulina y el colesterol HDL (bueno) bajo, es lo que se denomina “síndrome metabólico.

La mayoría de las personas que tienen el síndrome metabólico, son personas que se sienten saludables y es posible que no tengan síntomas. Sin embargo, están en riesgo de desarrollar enfermedades graves, como la diabetes y males del corazón.

Para que una persona sea diagnosticada con el Síndrome Metabólico debe tener 3 o más de estos factores de riesgo:

  • Obesidad central: definida con un valor de cintura > 90 cm para el hombre y 80 cm en mujeres.
  • Niveles de triglicéridos (TG) > 150 mg
  • Colesterol HDL bajo:  < 40 mg en hombres y < 50 mg en mujeres
  • Presión arterial elevada: > 130 mmhg y  85 mmhg
  • Glucemia (azúcar en sangre) elevada: > 100 mg

Las personas con este Síndrome son tres veces más propensas a padecer un ataque cardíaco o cerebro vascular, comparadas con aquellas personas que no lo poseen y dos veces más propensas a morir debido a esta condición. Se estima que alrededor de 20 y 25% de la población mundial padece de este síndrome. Es bueno que te preguntes, si estás ya entre ese 25%

El estrés y la mala alimentación son la combinación ideal para que surja cualquier tipo de enfermedad. Otra vez la alimentación involucrada en salud, que gran coincidencia ¿no?. Para ello te propongo comenzar con un estilo de vida saludable ¿Por donde empezar? . Por una restricción moderada de calorías, no te fanatices, con una reducción del 5 a 10% de lo que comes, será suficiente.

  • Aumento moderado de la actividad física: de manera simple y efectiva.
  • Cambio en la composición de tu dieta habitual. En términos generales incluir hidratos de carbona complejos, aumentando el consumo de fibra proveniente de legumbres, granos, frutas y verduras. Una buena regla es la de ingerir 5 porciones de frutas y verduras por día.
  • Disminuir la grasa no significa “nada” de grasa. Las grasas provenientes de los productos vegetales como el pescado, frutas secas y aceites vegetales deben estar presentes.
  • El consumo de las grasas “malas”, azúcar, sal y alcohol deben mantenerse lo más bajo posible.

Lo más importante es entender que nuestro cuerpo nos está avisando que ese ritmo de mala alimentación y demasiado estrés nos está llevando a una situación límite. Nos enfrentamos a una situación de alto riesgo. No hay peor sordo que el que no quiere escuchar. Muchachos y muchachas, si no quieren escuchar imaginen, el sonido de la bocina del Titanic  y el posterior estruendo provocado por el impacto contra el iceberg.

Recuerden que sólo emergía la punta del iceberg o sea la panza. Lo más grave estaba debajo del agua…Lo más grave no es la panza, sino lo que provoca… Perdonen mi sinceridad, pero la salud de ustedes está antes que nada… ¡A bajar la pancita!

Comments

Un comentario en “La panza, la punta del iceberg”

  1. karina dice:

    CECI: Genial como siempre, sincera y muy realista…gracias…besitos

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