Pensar en saludable

Pensar en saludable

Seleccionar: palabra que se utiliza para elegir a una persona o cosa de un conjunto por una razón determinada.

Se pueden analizar las razones por las cuales las personas comen lo que comen y que es lo que se esconde detrás de la propia selección de alimentos. De este concepto se puede inferir que, realizar una selección adecuada de alimentos puede traducirse  en una alimentación saludable, lo que tendrá como consecuencia un óptimo crecimiento y desarrollo, reducir el riesgo de desarrollar enfermedades, alejando las complicaciones que devienen de una alimentación con falta de nutrientes y carente en calidad nutricional. Sin embargo a sabiendas de los beneficios de una buena alimentación, en la selección de alimentos no se tiene en cuenta el valor nutricional de los mismos, sino se realiza a merced de razones diferentes a lo nutricional.

La selección de alimentos es importantísima ya que contribuye a la formación de hábitos alimentarios, no solo propios, sino el de toda la familia.

Sin darnos cuenta, la decisión de la selección de alimentos se produce prácticamente en todo momento, los alimentos están a toda hora y en todo lugar. ¿Cuántas veces te viste comiendo un alimento que no sabías si quiera como había llegado a tu mano?  Es muy habitual ponerle piloto automático a los alimentos sin pasar por el registro de lo que se está consumiendo. Si un alimento está delante tuyo es más rápido el acto de comerlo que el de pensar si debo o quiero hacerlo. Es más, ¿cuántas veces te viste comiendo un alimento que hasta vos mismo pensaste “la verdad, no está tan bueno”? y si no está bueno… ¡para que lo seguís comiendo!

La selección de alimentos se realiza generalmente por atractivo, factor económico, hábitos, creencias, desconocimiento, comodidad, tiempo. No se realiza ni siquiera el menú de una casa sino que se decide lo que se va a comer el mismo día. Las tentaciones están a la orden del día, en todo lugar, en la casa, la calle, la oficina, la publicidad, etc., parecería que el mundo entero atenta contra el cuidado de la salud.

Reparemos en la forma en la que no solo seleccionas los alimentos sino en la manera de alimentarte, que no sos vos el que decide que comer sino tus tentaciones. Demás probado está que el cerebro elige los alimentos en cuanto a su composición grasa, es decir, a cuanta más grasa tenga un alimento más tentador y adictivo va a resultar.  Cuando estamos frente a un alimento conocido ni siquiera basta probarlo sino que de ante mano conoceremos el gusto y ese gusto que placer nos va a originar y, si además, lo asocias con alguna situación placentera que se  originó el comerlo más tentador lo hace. Por ejemplo, si una situación de bienestar de tu más tierna infancia era cuando tus padres te llevaban a tomar un helado y este acto  se convertía en un evento familiar de encuentro placentero, el hecho de ver un helado te retrotraerá a esa sensación de bienestar, lo que tendrás la sensación que al estar en presencia de helado no tendrás chance de decir que no.

Detente, te propongo algo. Antes de poner el piloto automático y arrasar con las tentaciones comienza a tomar distancia de las mismas y comienza a incorporar el concepto de la postergación. La noción de postergación puede asociarse al tiempo, es decir, retrasar una acción. Dejar eso para después. Frente a un alimento tentador, detente, obsérvalo y dite a ti mismo que, si bien es muy rico y tentador lo vas a comer más tarde. Lograrás sostener la esperanza de que algún día lo comas, recuerda que no lo tenés prohibido, pero que no va a ser en ese momento.

Para que esto pueda funcionar siempre tenés que tener un plan B, o sea, alimentos más convenientes al alcance de la mano. Por ejemplo: te ofrecen bizcochitos de grasa, sabemos que son muy ricos y claro que los comerías, pero en ese momento decides optar por una fruta. Aunque no lo creas, te aseguro que después de  haber terminado de comer los bizcochitos o la fruta obtendrás la misma saciedad, porque lo que quería hacer tu cuerpo en ese momento era comer para nutrirse sin importar el alimento.

Una vez que realices el truco de ir reemplazando un alimento poco saludable por otro más saludable, verás como poniendo en práctica este ejercicio, tendrás la sensación que el que tiene el poder de decidir cómo quiere nutrir su cuerpo, sos vos  y solamente vos.

 

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